A pesar de la
investigación y de la puesta en marcha de programas de prevención del suicidio.
(Riblet et Al., 2017) cada 40 segundos muere un persona por suicidio en el
mundo.
Podemos ver que en México existe
un aumento sostenido y en aumento de la mortalidad por suicidio hasta el año
2010 (Hernández-Bringas, 2011 y Borges, Orozco, Benjent y Medina-Mora, 2010; en
Dávila y Pardo, 2020)
También podemos ver que
entre la población mexicana de entre 15 a 35 años ha incrementado la incidencia
de suicidio y conducta suicidas un lapso de 1990 a 2021. Por ejemplo, el INEGI
reporta que en 2018 de los fallecimientos del país un total de 6710 fueron por
lesiones autoinfligidas por lo que existiría un índice de 5.4 por cada 100 mil
habitantes. Para el 2021 esta estadística sería del 6.2% (Valencia, 2022).
Los adultos atraviesan
diversas situaciones emergentes como la sensación de fracaso personal, laboral
o familiar, sentirse aislados o vivir en aislamiento forzado, trastornos
mentales, etc. (Echeburúa, 2015) Pensado en eso podemos añadir que según datos
de la OMS (2009, en Morales, Echévarri, Barros, Zuloaga y Taylor, 2016) ) entre
los 25 y 44 años es el suicidio la cuarta causa de muerte.
La importancia y
relevancia sobre este tema es que implica la toma de decisión personal de
terminar por con la vida. Qué podemos hablar de múltiples razones que se
engloban en razones personales, sociales, culturales, médicas, económicas, etc.
(Tamayo at Al., 2022)
Lo qué también es verdad,
es que existe una heterogeneidad de la incidencia del suicidio a partir de
estadísticas estatales, como lo reporto Dávila y Pardo (2020). Lo sostenido es
el aumento de la aparición del suicidio en diversos estados como a nivel
nacional, esto hace necesario que se extiendan las estudios sobre las causas y
las razones que confluyen en la aparición de la ideación suicida.