2. Marco teórico e Interpretativo

Para Emile Durkheim (2003; en Dávila y Pardo, 2020) el suicidio es un fenómeno social presente en la sociedades con procesos de desintegración, falta de cohesión, asilamiento y desconexión entre la comunidad y las instituciones.

El trabajo de Durkheim escrito el siglo pasado caracteriza el suicidio dentro de la sociedad francesa, concluyendo que existen diversos factores que confluyen en la decisión de terminar con la vida de propia mano. Durkheim concluye que el suicidio es: “la acción e inacción de las personas que se articulan con el fin de terminar su vida” (2003), por tal es tan suicida el que se ahorca, se dispara, como el que por sus hábitos se enferma y muere, como el que decide ir a la guerra sabiendo que podría morir.

Para el sistema nacional de salud NHS por sus siglas en inglés, el suicidio es “el acto de matarse voluntariamente” (NHS, 2008) esta definición concuerda con la que propone la OMS (2012; en Tamayo, Pérez, Molina y Arroba, 2022) que considera el suicidio como un acto delibrado de violencia con la intensión de termina con la vida de quien lleva a cabo la práctica. Con el uso de diversas formas, sean esta obstructivas, lacerantes, químicas o mecánicas

Existiendo un consenso sobre lo es que el suicidio el análisis se ha volcado a la caracterización de los factores que inciden en la aparición de este fenómeno Para Tamayo et Al. (2022) los factores que confluyen en la aparición e incidencia de la ideación suicida y de la culminación del acto son:

Factores psicológicos como la aparición de diversos trastornos psicológicos o lo que Jim Van Os (APSA, 2020) llama “sufrimiento mental”

Factores familiares donde existen diversos tipos de abuso como maltrato físico o la disolución del núcleo familiar, ausencia de uno o ambos progenitores, falta de atención y comunicación.

Factores sociales como incertidumbre laboral, desempleo, crisis económicas nacionales, disgregación social, pobreza, bajo acceso a educación, dificultad o falta de servicios de salud, racismo, discriminación.

Factores culturales, estos atañen a la forma en que la sociedad se configura, los valores que profesa y las acciones o valores que prohíbe, este factor lo encontramos cuando los valores personales, la forma de vida, la expresión de identidad está en conflicto con la sociedad en la que viven los sujetos y dañan o eliminan la conexión del sujeto con el entramado de la sociedad.

Así mismo Pérez (2019; en Tamayo et Al., 2022) propone un modelo del suicidio con tres categorías. La primera es suicidio subjetivo donde el sujeto actúa según una evaluación de la realidad circundante, relacionado con trastornos mentales y abuso de sustancias.

La segunda categoría es suicidio objetivo cuando el sujeto evalúa situaciones ciertas y verificables como es la violencia de género, la discriminación, el racismo, conflictos armadas o crisis económicas.

Por último, el suicidio mixto se configura cuando el sujeto hace una evaluación de la realidad utilizando aspectos objetivos y subjetivos.

Por su parte la ideación suicida es un concepto que implica la diferenciación entre pensamientos dirigidos a terminar con la vida propia y conductas suicidas que son las acciones que directa o indirectamente pueden llevar al suicidio (Crosby et Al, 2011, en Rangel y Jurado, 2022). Pérez (2006) define la ideación suicida como “el paso previo a la conducta suicida y consiste en pensamientos de terminar la propia existencia” estos pueden ser ideación con un método específico, con un método inespecífico o con un método específico no planificado. Se diferenciaría de la planeación suicida, en la que ya se elegido un método, un lugar y momento. Mann, Apter, Bertolote, Beautris, Currier y Haas (2005, en Echeburúa), consideran la planificación como un signo de alarma.

El afrontamiento se define como las acciones que realizamos cuando nos encontramos con diversas situaciones que sobre pasan las herramientas que poseemos. Lazarus y Folkman definen el afrontamiento como “Los esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes, que se desarrollan para manejar las demandas específicas que son valoradas como situaciones que exceden o desbordan los recursos de una persona” (1986, en Morán, Landero y González, 2010). Estas acciones son puestas en acción cuando aparecen situaciones estresantes, Lazarus y Folkman definen el estrés como “la respuesta de la relación entre el organismo, el ambiente y cuando la persona evalúa que no cuenta con los recursos necesarios o que estos son insuficientes para paliar una situación estresante, esta puede valorarse como amenazante” (1986, en Quinceno, Gómez, Herrera y Vélez, 2022)

Las definición de Lazarus y Folkman es la que mayormente se acepta (Campo, Holden, Costa, Oliveira, Abreu & Fresca, 2016; Quiceno, Gómez, Herrera, Vélez, 2022, etc.), pero otros autores también definen el afrontamiento por ejemplo Zieder y Hammer lo definen como conductas que capacitan a las personas para manejarse en situaciones estresantes de forma efectiva. (Morán, Landero y González, 2010)

Así mismo Sandín (2003, en Morán, Landeros y González, 2010) indica que el afrontamiento ayuda a generar pautas para explicar cómo se logra la adaptación al estrés

Se puede hacer un diferenciación entre estrategias, recursos y estilos de afrontamiento, retomando a Sandín algunos recursos de afrontamiento son locus de eficacia, autoestima, sentido del optimismo (2003 en Morán, Landeros y González, 2010).

Las estrategias de afrontamiento son las que definen Lazarus y Folkman, que también son reportadas por Horwitz, Hill y King (2011) como las acciones, todas aquellas que realizamos para manejar, tanto fuentes externas e internas de estrés psicológico. (Lazarus, 1993 en Horwitz, Hill & King, 2011) que pueden ser relajarse, buscar ayuda, ver un película, etc.

Por último, se han definido diversos estilos de afrontamiento, por ejemplo, Pierre Tap (1996; en Campos, Holden, Costa, Oliveira Abreu y Fresca, 2016) junto a un grupo de investigadores de la Universidad de Toulouse generaron un modelo de cuatro dimensiones que son:

Focalización y Control

Apoyo social

Aislamiento y Conversión

Negación

Sin embargo, nos centraremos en la propuesta de Carver, Scheier & Weintraub (1989, en Morán, Landeros y González, 2010) Con tres dimensiones: El afrontamiento basado en el problemas, el afrontamiento basado en la emoción y el afrontamiento evitativo.

El Afrontamiento basado en la emoción incluye la búsqueda apoyo social emocional, reinterpretación positiva, aceptación, autoculpa, y la religión. La búsqueda de apoyo emocional es: implica la búsqueda de conseguir muestras de apoyo, de simpatía y de compresión. La reinterpretación positiva es: “Buscar el lado positivo y favorable del problema e intentar mejorar o crecer a partir de la situación” (Morán et Al, 2009). Aceptación: es aceptar el hecho, lo que ha ocurrido. La autoculpa es la crítica y culpa que un asume por lo que sucedió. Y la religión es el aumento de la participación en actividades religiosas en momentos de estrés.

El afrontamiento basado en el problema incluye el afrontamiento activo que se define como el inicio de acciones directas e incrementar los propios esfuerzos para eliminar o reducir el estresor; la planificación es pensar en planear estrategias de acción, pasos a dar y la dirección que deben tomar los esfuerzos a realizar; la supresión de actividades distractoras que es evitar iniciar otros proyectos, otras actividades o evitar distraerse del problema, refrenar el afrontamiento y búsqueda de apoyo instrumental que implica la búsqueda de ayuda, consejo, información de personas competentes para resolver la situación estresante.

Por último, el afrontamiento evitativo incluye la desconexión emocional evita reconocer las emociones que el evento estresante provoca renunciando a cualquier esfuerzo de afrontamiento de las emociones; la desconexión conductual es la reducción de las esfuerzos conductuales para resolver o solucionar el evento estresor; el uso de sustancias como alcohol y drogas implica el uso de estas sustancias con el fin de sentirse bien olvidar el evento estresor; auto distracción es concentrarse en otros proyectos actividades  para no concentrarse en el evento estresor; la negación es negar la realidad del evento estresor y  el aislamiento (Bahamón, Uribe, Alarcón-Vásquez y Reyes 2019; Horwitz, Hill, King, 2010; Morán, Landeros y González, 2010; Klonoff-Cohen, 2022) De las tres categorías superiores propuesta podemos observar que engloban 16 distintas estrategias.

En este trabajo se centrará en los estilos de afrontamiento y su relación con la ideación suicida, por qué tanto Echeburúa (2015) como Sánchez-Loyo, Morfín, García, Quintanilla, Hernández, Contreras y Cruz (2014) refieren que el afrontamiento o la falta de tal, como una de las tantas variables que se relacionan con la ideación suicida, el intento de suicidio o el suicidio como acto culminado.

Del trabajo presentado por Bahamón et Al, (2019) se concluye una relación alta entre pensamiento suicida y afrontamiento por evitación así mismo lo han determinado otras investigación como Horwitz, Hill y King (2011) quien concluyen que la desconexión mental y la negación están correlacionadas con la ideación suicida. Así ismo el uso de sustancias y la búsqueda apoyo emocional, este último puede deberse al tener un respuesta de rechazo ante la busque de apoyo emocional.

En el estudio llegado a cabo por Quiceno, Gómez y Herrera, Vélez, Bahamón (2022) encontraron en una población campesina en Colombia que las estrategias como la reevaluación positiva, resolución de problemas, búsqueda de apoyo emocional fueron más usadas por quienes no tenían historial suicida, siendo factores protectores.

Así mismo Cukrowicz (et Al, 2018; en Quiceno et Al, 2022) encontró que en un población rural de Texas y Hu (et Al, 2020 en Quiceno et Al, 2022) en población rural China que el uso de apoyo social tiene un influencia directa en la ideación suicida. Así también Villas (et Al, 2019; en Quiceno, 2022) encontraron que la reevaluación positiva en relación con trastorno mentales es un factor protector de la ideación suicida.

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